Lucano de Sabiona fue un obispo del siglo V vinculado al Tirol y los Dolomitas. A menudo identificado como el obispo de Säben, se le vincula frecuentemente, aunque quizás de forma incorrecta, con Brixen. Su vida está definida en gran medida por relatos legendarios de sus viajes a Roma para enfrentar acusaciones relativas a su indulgencia con el ayuno durante una hambruna. Tras su absolución por el papa Celestino I, finalmente buscó refugio en el valle de Agordo, donde vivió y murió. Es reconocido como santo dentro de la tradición católica romana.
Vida y leyendas

Durante un periodo de hambruna, Lucano permitió a sus seguidores consumir productos lácteos durante la Cuaresma, lo que provocó su comparecencia en Roma. La leyenda cuenta que, mientras viajaba, se encontró con un oso que mató a su caballo, pero logró montar al animal tras ordenárselo en el nombre de Dios. Al llegar ante el Papa, se dice que fue ayudado por un rayo de sol que sostuvo su capa mojada. Tras ser absuelto de toda culpa, huyó a Agordo para escapar de sus enemigos, donde fue ayudado por una mujer llamada Avatia.
Veneración y reliquias

Sus restos se encuentran repartidos entre la catedral de Belluno y la catedral de Brixen. En el siglo XVII, reliquias que incluían una costilla y un omóplato fueron trasladadas a Brixen para su veneración pública. Se le conmemora el 20 de julio y se le invoca como protector contra la hidropesía. Diversos lugares, incluyendo el paso de San Lugano y varias iglesias en el Tirol del Sur y Belluno, llevan su nombre en reconocimiento a su presencia y milagros en la región.
