Wilicario fue un prelado del siglo VIII que se desempeñó como arzobispo de Vienne y, posteriormente, como abad de Saint-Maurice-d'Agaune. Tras la destrucción de una basílica por parte de los invasores sarracenos, trasladó las reliquias de los santos Ferreolo y Juliano a una nueva ubicación dentro de la ciudad. Debido a la persecución franca, finalmente abandonó su sede para buscar refugio en Roma antes de retirarse al monasterio en Valais, donde pasó sus últimos años.
Carrera eclesiástica
Como sucesor de Austreberto, Wilicario ocupó el cargo de arzobispo en Vienne alrededor del año 740. El papa Gregorio III le concedió el palio. Tras huir de su sede hacia el año 752, pasó por Roma y finalmente se estableció en el monasterio de Saint-Maurice-d'Agaune. Allí ejerció como abad y también se le identifica en algunos registros como el obispo de Sion.
Veneración
Reconocido como santo popular, Wilicario es honrado dentro de la tradición católica. Su memoria se preserva mediante una festividad celebrada el 13 de junio. Su importancia histórica está ligada a su papel en la preservación de las reliquias de los mártires durante un periodo de importantes conflictos regionales.