La romanización en Vasconia y Aquitania está someramente descrita en los textos de los Historiadores romanos y griegos, como los de Ptolomeo, Plinio el Viejo, Tito Livio, Estrabón o Julio César. Algunos hallazgos arqueológicos han permitido completar sus datos.
Primeros contactos
El contacto entre los vascones y los romanos es anterior a la llegada de estos últimos a territorio vascón, pues sabemos que mercenarios vascones lucharon junto a Aníbal en la segunda guerra púnica, quedando reflejado en varios versos, que a su vez narran diferentes batallas, del poema Punica de Silio Itálico; entre otros: «Ni los ceretanos, antaño campamento del héroe de Tirinto, o el vascón, no acostumbrado al casco, se demoraron en tomar las armas». «Y cuando Catón, olvidándose de su primera edad, llena su mente de ardor guerrero, traba combate, se lanza contra los enemigos y arrebata de las mortíferas armas el joven, a quien acosaban el ágil vascón y el cántabro con una lluvia de flechas».
Igualmente cuando Asdrúbal Barca acude en auxilio de su hermano, con el fin de engañar a los romanos, lo hace a través del país de los vascones y continúa por el sur de la Galia, reclutando nuevas tropas entre sus pobladores.
Es posible, o al menos así lo consideran algunos historiadores, que este conocimiento del poder militar de Roma hiciese que, cuando los romanos llegaron a territorio vascón, estos últimos decidiesen colaborar con ellos en lugar de enfrentarse a sus ejércitos. Como consecuencia de ello, y a modo de recompensa por dicha colaboración, probablemente los romanos entregaron a los vascones varias de las ciudades que conquistaron por la fuerza a otros pueblos.[cita requerida]Según Tito Livio, en el 194 a. C. el cónsul Catón el Viejo toma Jaca mediante una treta. Posteriormente en el año 188 a. C. el pretor Publio Cornelio Escipión Nasica vence a los celtíberos cerca de Calahorra. Y ya en el 178 a. C. es cuando se considera que se inicia la romanización vasca con la fundación de Gracurris (actual Alfaro) por parte de Sempronio Graco sobre los restos de Ilurcis.
La lápida de Cayo Mocconio Vero, redescubierta recientemente en los sótanos del Museo del Louvre, (mejor usar esta referencia que la anterior ha sido eliminada) atestigua que para el siglo I o II de nuestra era, el sometimiento de las tribus vasconas y várdulas al Imperio era ya absoluto y éstas formaban parte de los censos realizados por los cuéstores civiles romanos.
Guerras sertorianas
El territorio vascón se ve profundamente implicado en las guerras sertorianas. Sertorio se traslada en el año 77 a. C. al valle del Ebro e instala su cuartel en Osca, para controlar de esta manera el eje Ilerda-Osca-Calagurris. Ese mismo año, atravesando el paso de Perthús, llega Cneo Pompeyo, enviado por Roma, quien consigue la simpatía de muchos vascones, especialmente en la zona del Ebro. Esto suscita que ciudades próximas tomen partidos diferentes: mientras Calagurris se mantiene fiel a Sertorio, Gracurris apuesta por Roma, siendo la zona del Ebro la más convulsionada por los enfrentamientos entre los dos bandos. Precisamente en el invierno del año 75 a. C., Pompeyo –buscando refugio en territorio vascón para pasar el invierno y reabastecer a sus tropas y sus arcas– crea la ciudad de Pompaelo (Pamplona). Apiano y Floro nos dicen que en el año 74, Sertorio infligió tres mil bajas a las tropas de Metelo y Pompeyo que asediaban Calahorra, liberándola del cerco. Un año después Calagurris vuelve a ser sometida a asedio, pero esta vez Sertorio no puede acudir en su ayuda, pues es asesinado a traición en Osca el año 72 a. C.; Calagurris quedó como última plaza fiel al ideal de Sertorio. Su asedio, realizado por Afriano, general de Pompeyo, duró hasta el año 67 a. C. y llevó a sus habitantes hasta el extremo de tener que recurrir a comerse los cadáveres. Este hecho se convirtió en común en la literatura, hablando de ello Cayo Salustio, Floro y Valerio Máximo (quien dice que «como no les quedaba ningún otro animal en su ciudad, convirtieron en nefanda comida a sus mujeres e hijos; e incluso para que la juventud en armas pudiera alimentar sus entrañas con las de los suyos, no dudaron en poner en sal los siniestros restos de los cadáveres»), Juvenal y Orosio.
Caminos
Cinco de los treinta y cuatro caminos del itinerario de Antonino pasaban por territorio vascón, siendo el más importante el XXXIV que unía Artúrica (Astorga) con Burdigalia (Burdeos) pasando por Velegia y Pompaelo. La zona comprendida entre esta ruta y la XXXII, que pasaba por Calagurris, debió de tener numerosos asentamientos menores, fundos y villas, según la cantidad de vestigios aparecidos en la zona.
Presencia de estas tribus en el ejército romano
Se tiene constancia de la presencia de vascones en el ejército romano al menos desde el siglo I a. C., tanto en cohortes como en las legiones y en los pretorianos. La Cohors II Vasconum Civium Romanorum estuvo destinada en Germania, donde Tácito nos narra que su valerosa intervención en el año 70 salvó la comprometida situación en la que se encontraba el legado Vócula, acampado cerca de Novesio (hoy Neuss, Bajo Rhin), quien fue atacado por los sublevados durante las revueltas del Imperio del 69 d. C. Esta cohorte fue posteriormente destinada a Britannia y el año 156 a la Mauritania Tingitana.
También se sabe de la existencia de cohortes de várdulos; la I Fida Vardullorum equitania estuvo destinada en Britannia al menos entre los siglos I y III d. C. El que esta tuviese el cardinal I hace suponer la existencia de más; hay diplomas e inscripciones que así lo atestiguan, entre ellas una en época de Trajano que la denomina I Fida Vardullorum Civium Romanorum, lo cual indica que sus integrantes fueron galardonados con la ciudadanía romana.
El pretor Casius Longinus tuvo su guardia personal formada por berones, que le salvaron la vida en un intento de apuñalamiento en el 48 a. C. Augusto la tuvo formada por vascones calagurritanos, que fueron licenciados tras vencer a Marco Antonio. La costumbre de guardias personales formadas por hispanos fue muy común entre los generales, debido a su fidae y devotio hacia su jefe.
Restos arqueológicos romanos
Álava
En las cercanías de Iruña de Oca, se están efectuando excavaciones en la antigua población romana de Veleia.
Guipúzcoa
En Irún hay un importante yacimiento arqueológico romano.
Navarra
Vizcaya
En Fórua existen restos de un poblado romano y en castillo de también. que disponía de un puerto fluvial.
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